La Revolución de la Cerámica en el Alto Valle
Desde el corazón del Alto Valle, la cerámica Cunmalleu se ha erigido como la principal proveedora de ladrillos huecos en Patagonia, fabricando unas 2.000 casas al mes. Situada en el Parque Industrial de Allen, su producción se moderniza gracias a la reciente incorporación de dos robots, que optimizan un proceso ya de por sí eficiente. Su horno gigante, siempre en funcionamiento, recibe vagones con ladrillos de diversas medidas, elaborados a partir de materias primas extraídas de canteras locales.
La factoría, que emplea a cerca de 100 personas, ha experimentado un proceso de tecnologización notable en los últimos dos años, exigiendo una formación integral de sus operarios. A pesar de la caída del 50% en la construcción a nivel país, la región ha visto un descenso de solo 30%, lo que otorga a la empresa un contexto favorable para seguir invirtiendo. De hecho, los propietarios no dudan en afirmar que hoy, si tuvieran que elegir, invertirían nuevamente en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén.
Un Legado de Innovación
Fundada en 1966, Cunmalleu comenzó como una fábrica artesanal y ha experimentado transformaciones significativas a lo largo de las décadas. En 1983, la llegada de Piero Astori y la firma cordobesa Palmar duplicó la producción, alcanzando 4.000 toneladas al mes. Otra colaboración con Later-Cer en 2005 impulsó la capacidad productiva a 30.000 toneladas. En un escenario donde se demanda eficiencia y rapidez, la empresa ha implementado modernas instalaciones que le permiten competir con industrias de cualquier parte del mundo. La reciente actualización, con tecnología de última generación, posiciona a Cunmalleu como un referente en el sector.
La Cadena de Producción: Innovación y Sostenibilidad
La cadena de producción de Cunmalleu es una sinfonía de alta tecnología y procesos cuidadosos. El horno de 135 metros de largo juega un papel crucial, pero los robots de tecnología japonesa añaden precisión y agilidad. La materia prima, compuesta por arcilla, limo y arena, es seleccionada y mezclada en un laboratorio antes de ser transformada en ladrillos huecos. Desde la carga en camiones hasta el reciclaje del calor de los hornos, la fábrica se enorgullece de un proceso sin residuos contaminantes. Día tras día, decenas de camiones cargan la producción que se destina a formar la base de miles de viviendas en la región, consolidando su papel vital en el impulso de la construcción en Patagonia.