La Resiliencia de Gonzalo Laino: Un Productor que no se Rinde
El pasado martes 7 de julio, la Selección Argentina de fútbol brindó una lección de perseverancia que quedará en la memoria de todos. A 79 minutos de juego, perdía 2 a 0 ante Egipto y parecía que el sueño del Mundial se desvanecía. Sin embargo, un increíble giro de acontecimientos llevó al equipo a marcar tres goles en solo 13 minutos, logrando su pase a los cuartos de final sin necesidad de tiempo extra. Esta historia de carácter y convicción resuena con la de Gonzalo Laino, un productor frutal de General Roca, quien también se enfrentó a la adversidad pero eligió no bajar los brazos. Después de tres temporadas marcadas por el granizo, su familia estuvo a punto de abandonar la fruticultura. A pesar de la presión, Gonzalo decidió esperar y el tiempo le trajo una cosecha de pera Williams que transformó su realidad.
Una Historia Familiar de Producción
La trayectoria de Gonzalo Laino es un reflejo de las raíces profundas en la fruticultura del Alto Valle. Perteneciente a la cuarta generación de productores, su historia se entrelaza con la de los Laino, Camacho y Sandoval. Su abuelo, Armando "Pocho" Laino, fue un hombre trabajador y recto, conocido por su habilidad para podar. Gonzalo recuerda cómo, desde pequeño, creció en un entorno agrícola; estudió Agronomía en Cinco Saltos y trabajó junto a su padre. Sin embargo, la crisis económica y las inclemencias del tiempo obligaron a la familia a cuestionar su futuro. Gonzalo, contraviniendo los deseos de su padre, abogó por un último intento en la fruticultura, un acto de convicción familiar que cambiaría su destino.
La Potencialidad de la Cooperativa
A medida que la familia enfrentaba un contexto adverso, la Primera Cooperativa Frutícola se convirtió en el salvavidas de Gonzalo y su familia. La oportunidad de ingresar a esta cooperativa fue un cambio de juego. “El año que decidimos no rendirnos, tuvimos una gran cosecha de Williams”, cuenta Gonzalo, quien asegura que la entrada a la cooperativa les permitió enfocarse en lo que mejor saben hacer: producir. De esta manera, dejaron atrás la carga de almacenar, empaquetar y comercializar. Hoy, con alrededor de 25 hectáreas de cultivo, Gonzalo se dedica plenamente a la producción y ha podido triplicar la calidad de sus peras y manzanas. La tranquilidad que brinda el sistema cooperativo es un plus que valora en un contexto donde muchas veces los pagos no llegan. “La cooperativa es una tranquilidad”, reitera con satisfacción.