¿Qué es el contacto del vino con lías?

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La Magia de las Lías Finas en el Vino

Una de las técnicas más antiguas y fascinantes en la vinificación es el uso de lías, esos restos de levaduras que, tras finalizar la fermentación alcohólica, se convierten en un tesoro para el vino. Con una historia muy arraigada en la Borgoña francesa, las lías aportan cualidades excepcionales a los caldos, elevando su calidad y complejidad. Pero, ¿qué son exactamente? Las lías consisten en los residuos de las levaduras que se asientan en el fondo de los recipientes de vinificación después de su muerte, creando un proceso conocido como autolisis, que enriquece a los vinos tanto en textura como en sabor.

La Diferencia entre Lías Gruesas y Lías Finas

Existen dos tipos de lías: las gruesas y las finas. Las primeras son menos deseables y se componen de residuos vegetales y otros compuestos que precipitan rápidamente. En cambio, las lías finas se mantienen en suspensión más tiempo y son casi exclusivamente restos de levaduras y bacterias lácticas. Este hecho las convierte en piezas clave para el desarrollo del vino, ya que al liberarse compuestos como manoproteínas, que representan alrededor del 40% de la pared celular de las levaduras, aportan untuosidad y volumen. Después de la fermentación, cada litro de vino puede contener entre 35 y 100 gramos de levaduras muertas, lo que significa que hay una cantidad considerable de manoproteínas disponible para enriquecer el vino en características sensoriales.

Beneficios y Precauciones en el Uso de Lías

Apostar por las lías finas tiene múltiples beneficios: desde una mayor estabilización del vino hasta la aparición de nuevos ésteres aromáticos que enriquecen la experiencia en boca. Algunas de estas ventajas incluyen una mejora en la suavidad, aportando una sensación aterciopelada, y un desarrollo de aromas característicos que transforman cada sorbo en un deleite para los sentidos. Pero hay que tener precaución; el mal manejo de las lías puede dar lugar a aromas indeseados como el “a cuero” o “sudor de caballo”. Sin embargo, este riesgo se puede mitigar con técnicas como el batonnage, que permite mantener las lías en suspensión y evitar su apelmazamiento, asegurando así que el vino se mantenga fresco y lleno de vida.

La perspectiva del enólogo argentino Pedro Rosell complementa esta explicación con su visión sobre los espumosos: la calidad de las burbujas se relaciona directamente con las manoproteínas, que mejoran la tensión superficial del líquido, logrando así una espuma más fina y duradera. Cada detalle cuenta en la elaboración de un vino excepcional, y las lías son, sin lugar a dudas, una aliada fundamental en esta búsqueda.

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