El intendente de Bariloche, Walter Cortés, rompió la diplomacia y denunció la asimetría en el reparto de recursos provinciales. Aseguró que Alberto Weretilneck privilegia a Cipolletti —una ciudad que no es ni la más grande ni la más importante— mientras que el motor económico y demográfico de Río Negro sobrevive con “pelusas”. La bronca que une en el espanto a Bariloche y a la Roca de María Emilia Soria.

Bariloche. La cuerda de la paciencia política se cortó en la cordillera. En una muestra de “honestidad brutal”, el intendente de Bariloche, Walter Cortés, pateó el tablero político provincial al blanquear lo que en los pasillos de los municipios rionegrinos es un secreto a voces: el escandaloso favoritismo del gobernador Alberto Weretilneck por Cipolletti, su cuna política, en detrimento del resto de las localidades de Río Negro.
Cortés se despegó por completo de la lógica de Juntos Somos Río Negro (JSRN) y de los libertarios alineados con la Casa Rosada. “No me siento cerca de ninguno de esos sectores”, sentenció, poniendo el foco en un reclamo estrictamente territorial que expone el vaciamiento y el abandono provincial hacia los intendentes que deben poner la cara ante la crisis social.
Cipolletti “mimada”, Bariloche con “pelusas”
El argumento de Cortés caló hondo en la geopolítica rionegrina. Bariloche es, por amplio margen, la ciudad más grande, poblada y la que más recursos coparticipables y turísticos genera para las arcas provinciales. Sin embargo, a la hora del reparto, Weretilneck mira invariablemente hacia el Alto Valle oeste.
“Creo que se le presta más atención a Cipolletti”, disparó Cortés, exponiendo una queja que comparte solapadamente gran parte del arco político rionegrino. Cipolletti, a pesar de no ser el polo más importante ni el que mayor demanda social contiene, sigue funcionando como el “patio trasero blindado” del gobernador.
La frase con la que el intendente barilochense describió la asfixia financiera de su municipio fue demoledora: “Cuando todos los días te reclaman cosas y metés la mano en la bolsa y encontrás pelusas, empezás a sentir bronca”. Esas “pelusas” son las migajas que el gobierno de Viedma destina a las comunas mientras centraliza los recursos.
El frente de la “malaria”: De Bariloche a la General Roca de Soria
Este esquema de discriminación de recursos no es exclusivo de la cordillera. En General Roca, la intendenta María Emilia Soria viene denunciando históricamente el mismo ahogo financiero y el castigo discrecional por parte del signo político que gobierna la provincia. El mapa político de Río Negro muestra hoy una preocupante realidad: las dos ciudades más importantes y pobladas de la provincia (Bariloche y Roca) sufren el torniquete de Viedma, mientras el flujo de fondos se desvía para sostener la estructura política cipoleña.
La doble pinza del abandono:
- El abandono Provincial: Weretilneck concentra los recursos en su bastión histórico, ignorando que el 70% de la población provincial vive en municipios bajo la “línea de la pelusa”.
- El abandono Nacional: Cortés tampoco ahorró críticas para el presidente Javier Milei: “Hay algunos enamorados de Milei, pero acá no llega nada, absolutamente nada”, lanzó.
La realidad social que el gobierno provincial no quiere ver
Mientras la discusión política en Viedma pasa por las alianzas de cara a 2027, Cortés describió una realidad alarmante en los barrios de Bariloche, un termómetro de lo que pasa en toda la provincia. Detalló una economía de subsistencia en crecimiento, con más vecinos vendiendo sándwiches o café en la calle para llegar a fin de mes, y decenas de personas que asisten a diario a las delegaciones municipales mendigando empleo, medicamentos o una bolsa de comida.
EL DATO CONTUNDENTE: A pesar de que Bariloche mitiga la crisis reactivando el turismo internacional con los primeros vuelos desde Brasil, la falta de infraestructura vial y la nula presencia policial en los barrios altos —competencia directa del gobierno de Weretilneck— amenazan el inicio de la temporada invernal.
La advertencia de Cortés resuena como un ultimátum para las oficinas de JSRN. Gobernar Río Negro como si fuera un feudo con cabecera exclusiva en Cipolletti ha colocado a Alberto Weretilneck en el último puesto de aprobación nacional. Si el gobernador no empieza a repartir los fondos con criterio demográfico y productivo, la “bronca” de los intendentes amenaza con convertirse en un incendio político imposible de apagar.
Redacción El Rionegrino.