La industria nacional que podría producir para Vaca Muerta, la minería y el campo queda al margen de su crecimiento explosivo: primarización al palo.

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Primarización al palo

Vaca Muerta se ha convertido en el epicentro de la revolución energética en Argentina, atrayendo inversiones que superan los 6.000 millones de dólares anuales. Sin embargo, mientras la extracción de hidrocarburos avanza a pasos agigantados, la industria nacional que podría capitalizar este crecimiento se encuentra en una encrucijada. A pesar de las expectativas, sectores como la minería y la agricultura parecen quedar al margen de este fenómeno, poniendo en evidencia una falta de integración que podría resultar perjudicial a largo plazo.

En Bariloche y sus alrededores, donde la belleza natural se mezcla con una rica tradición agrícola, este contraste es palpable. Con más de 40.000 hectáreas cultivadas, la región tiene el potencial para proveer insumos clave que fortalezcan las industrias extractivas y de energía renovable. Sin embargo, la falta de políticas que fomenten la sinergia entre estos sectores está llevando a que la primarización de la economía sea la norma, dejando de lado la posibilidad de diversificación industrial y el desarrollo de productos de mayor valor agregado.

Este fenómeno no solo está afectando las oportunidades de desarrollo local, sino también el futuro de los jóvenes en la región. La escasa inversión en capacitación y formación en oficios técnicos que surjan de esta interrelación entre sectores los limita a buscar alternativas en otras provincias o incluso en el exterior. En un contexto donde Argentina podría ser un jugador clave en la transición energética, la fuga de cerebros y la dependencia de la explotación de recursos primarios generan un dilema que podría impactar gravemente en el desarrollo sostenible de la región.

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