El uruguayo que las construye revela secretos y precios.

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Casas de barro: una alternativa que crece en Cipolletti

En el corazón de Cipolletti, un nuevo protagonista está moldeando la arquitectura de la región: Wilson Cabrera, un constructor uruguayo que lleva más de 12 años en Argentina. “Cada vez tengo más trabajo con las casas de barro”, afirma con un brillo en los ojos. Esta modalidad de vivienda se aleja del clásico cuento de los tres chanchitos, donde la casa de paja siempre era la más vulnerable. Al contrario, Cabrera asegura que estas casas son “totalmente firmes y seguras, aprobadas por las normas ISO”. Su enfoque se basa en una filosofía que agrupa la bioconstrucción y la permacultura, convirtiendo cada proyecto en un testimonio de respeto por el medioambiente.

La demanda de viviendas naturales

La demanda de estas edificaciones ha crecido exponencialmente entre los cipoleños. “La gente busca un cambio, con eso de lo natural”, explica Wilson mientras trabaja en su última construcción en el barrio Cuatro Esquinas, famoso por sus edificaciones singulares. Sus casas se construyen con materiales que provienen del entorno, y él considera que combina viejos y nuevos conocimientos para crear espacios únicos. “Por ejemplo, puedo hacer estructuras de caña, madera y barro”, destaca, acompañado de un mate que invita al diálogo y la complicidad. Las consultas no dejan de llegar: “Recibo muchísimas llamadas al mes y paso varios presupuestos. Una casa de barro puede salir desde 80 hasta 90 mil dólares, dependiendo del clima y el secado de las paredes”, aclara.

Sostenibilidad y beneficios para el hogar

“¿Cuál es el beneficio? Todo", responde Cabrera sin titubear. Asegura que, en verano, las casas de barro permiten olvidarse del aire acondicionado, lo que se traduce en un ahorro considerable en la factura de electricidad. “Las casas son tan sólidas y fuertes como las comunes, y además ofrecen una pureza y paz que no encontrarás en otros materiales”, agrega. Su trabajo abarca desde terminaciones y restauraciones hasta la creación de biochacras. En su quehacer diario, entiende que cada casa es un organismo vivo, autosustentable y orgánico, que busca integrarse a su entorno de la mejor manera posible. La llegada de Wilson a la región ha provocado un cambio sutil, pero notable, en el paisaje de Cipolletti.

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