El gesto en plena despedida que lo engrandece

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La Despedida de una Leyenda del Fútbol Regional

José Parra, a sus 65 años, se despide de una etapa llena de recuerdos, abrazos y la alegría de una jubilación esperada. Este venerado exjugador, conocido por su habilidad en la cancha, y por sus historias entrañables, ha dejado una huella indeleble en la comunidad de Cipolletti. Recientemente, al despedirse de su rol como portero en la ESRN N° 120, el cariño de sus alumnos y colegas quedó palpable. “Me cuentan que hace días los chicos lloran. ¿Tan fuerte fue el lazo que se generó?”, reflexiona mientras se encuentra en casa rodeado de su familia, quienes lo miman tras su regreso “full time”.

Su trayectoria, marcada por el balompié y la dedicación profesional, no estuvo exenta de anécdotas que valen la pena contar. Desde el día en que recibió la noticia de su jubilación —“el grito que pegué, lo que lloramos con Angie”*, rememora— hasta momentos más light, como un “faltazo” para ir a pescar que se complicó cuando la directora lo sorprendió en plena ruta. “La directora me dijo: ‘José, lo quiero saludar por su cumpleaños…’”, recuerda entre risas, un rasgo que define su carácter travieso y humano.

Un Equilibrio entre la Alegría y la Nostalgia

La emotividad marcó su despedida en el colegio. En un acto donde todos sus colegas se reunieron para honrarlo, José decidió hacer un alto durante su discurso para pedirle perdón a una compañera tras una discusión. “Había una tensión, pero esa reconciliación nos hizo llorar a todos”, confiesa, destacando la profunda conexión que mantiene con su antiguo equipo. Sin embargo, la realidad de su vida laboral siempre estuvo unida a las carencias de sus alumnos, quienes muchas veces acudían al colegio con hambre. “Lamentablemente, muchos vienen a comer además de aprender; ahí ves el hambre de cerca”, dice con la voz entrecortada, revelando la compleja realidad que muchos chicos enfrentan.

Fútbol, Pesca y una Nueva Vida

Con su cabeza aún en el deporte, José no olvida sus días gloriosos cuando brillaba en la cancha del Albinegro, enfrentándose a figuras como Tolo Gallego y Quique Hrabina. “El Tolo me fracturó. Era un partido complicado, y no dudé en devolverle la grosería”, revive una de las tantas anécdotas que lo acompañan. Pero ahora piensa en el futuro, en disfrutar de su tiempo libre entre familias y amigos, y sobre todo, en salir a pescar, su otra gran pasión. “Voy siempre con mis hermanos y sobrinos. Ahora, como no está Claudio, noto el vacío”, dice con nostalgia pero con una sonrisa, mientras se despide de su vida laboral y da la bienvenida a su nueva etapa, rodeado de aquellos que más ama.

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