El fallo que le transformó la vida

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Un apellido que pesa: la historia de un cambio simbólico

Durante más de tres décadas, un hombre vivió con un apellido que no sentía propio. No se trataba solo de un dato en su DNI; era un constante recordatorio de una historia marcada por la ausencia y el abandono. A los 33 años, decidió dar un paso crucial para su vida: se presentó ante el fuero de Familia de Cipolletti, con el respaldo de la Defensoría Oficial, para solicitar la supresión de su apellido paterno. Esta decisión, lejos de ser un mero trámite administrativo, representaba un proceso de sanación personal.

Un pasado lleno de desencuentros

El expediente judicial revela que su padre se separó de su madre cuando él apenas era un niño y, con el tiempo, se trasladó a vivir lejos. Aunque hubo intentos de acercamiento durante su adolescencia, estos fueron fallidos, y el vínculo se cortó definitivamente. Así, el hombre creció sin relación con la familia paterna, pero encontró en su madre el sostén que necesitaba. Por eso, el apellido que verdaderamente lo representaba era, sin duda, el materno.

La necesidad de cerrar ciclos

En su solicitud judicial, el joven no argumentó conflictos económicos ni familiares, sino una profunda angustia vinculada a su apellido paterno, que le recordaba el abandono y la ajenidad que había experimentado a lo largo de su vida. Detalló que había atravesado un tratamiento psicológico y que necesitaba cerrar esa etapa desde lo simbólico. El Equipo Técnico Interdisciplinario evaluó su caso y concluyó que comprendía el alcance de su pedido, señalando que el apellido carecía de significado afectivo para él. Con todo en regla, la jueza subrayó que el nombre no es solo un dato administrativo: es un elemento central del derecho a la identidad. Por ello, al considerarse que la afectación estaba probada y no causaría perjuicios a terceros, se hizo lugar a su solicitud.

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