Veredicto histórico en el caso Yectafer
Este martes se conoció el veredicto en la causa por el Yectafer adulterado, el medicamento contaminado que causó la muerte de al menos cuatro personas y dejó a otras 33 con graves secuelas en todo el país. El fallo, dictado en los tribunales de Comodoro Py, llega más de 20 años después de los hechos y tuvo un fuerte impacto en Viedma. El Tribunal Oral Federal N°3 resolvió condenar a Pablo Jorge Cernadas a 8 años de prisión y a Daniel Leonardo Rabinovich a 7 años. También fueron condenados Miguel Cervera (5 años) y Alberto Mario Akawie, Adrián Jorge Quintela, y Víctor Julián Scattolini (4 años cada uno).
En contraposición, fueron absueltos Santiago Lucio Gavazza, Roberto Enrique Gegenschatz, Diego Hernán Manzotti y Sandra Liliana Vitale. Además, el tribunal dispuso indemnizaciones millonarias para las víctimas, con montos diferenciados que van desde 10 a 20 millones de pesos, y cifras aún más altas en los casos más graves, en concepto de daños materiales y morales. Este fallo plantea un dilema sobre la justicia y el valor de las vidas afectadas por este escándalo sanitario.
La herida en Viedma
El caso generó una especial repercusión en la capital rionegrina, donde se recuerda con especial tristeza a Verónica Díaz, una joven viedmense que falleció en diciembre de 2004 tras recibir una inyección del medicamento para tratar una anemia. Otros vecinos de la ciudad, como María Salaya, también sufrieron severas consecuencias en su salud tras recibir ampollas adulteradas. Tras la lectura de la sentencia, Salaya expresó su profundo descontento con el resultado judicial: “Ninguna cifra repara el dolor ni el sufrimiento que hemos vivido”. Sus palabras destacan la dificultad de poner un precio al sufrimiento: “Cuando el daño fue tan profundo, una condena mínima nunca alcanza.”
Justicia y memoria colectiva
La investigación determinó que el lote adulterado de Yectafer-Hierro 5% fue comercializado entre 2003 y 2004, encubriendo propiedades nocivas mediante la falsificación del producto original. La gravedad de esta situación no solo dejó un legado de dolor, sino que también marcó un antes y un después en la percepción de la seguridad en los tratamientos médicos. Mientras se espera que las víctimas encuentren algún tipo de reparación, la voz de quienes sobrevivieron al escándalo sigue resonando, recordando que, a veces, “hay heridas que no se pagan con dinero.”