La Evolución de la Fruticultura en Patagonia
En el corazón de la Patagonia, una chacra de cinco hectáreas ha dejado su huella a lo largo de más de siete décadas. Lo que comenzó en 1953 con Guido Stelzer, que heredó esta pequeña producción familiar en Regina, ha crecido hasta convertirse en una empresa que mueve casi cuatro millones de kilos de fruta anuales. Hoy, Frutas Stelzer no solo cultiva y empaca, sino que también exporta a mercados como Bolivia. “Siempre tratamos de dar un paso más y mejorar,” comenta Marco Stelzer, mientras recorre el galpón donde se transforman las cosechas en un trabajo colectivo.
Un Legado Familiar
La historia familiar de los Stelzer es un relato de esfuerzo y dedicación. Desde que el abuelo Guido dejó su trabajo para establecerse en la región junto a su familia, la producción frutal se ha transmitido de generación en generación. Su hijo, Arturo, combinó su empleo como portero en la Escuela Nº 85 con las labores en la chacra, donde cada cosecha representaba un sueño. “Siempre me gustó la producción. El sueldo de la escuela nos daba estabilidad, pero la chacra era nuestro proyecto,” recuerda Arturo. Esta conexión familiar con la tierra ha sido la base del crecimiento de lo que hoy es una empresa que opera en 55 hectáreas, sincronizando esfuerzos entre varias chacras.
Mirando hacia el Futuro
Con una infraestructura que incluye cinco cámaras frigoríficas y maquinaria de alta tecnología, la familia Stelzer se enfrenta a nuevos desafíos. Con el 60% de las peras y el 40% de las manzanas dirigidas a la exportación, la empresa busca diversificarse, cultivando incluso pistachos y proyectando nuevos productos como snacks de fruta. “El que entiende los cambios encuentra nuevas oportunidades,” afirma Marco. Con la proyección de proyectos innovadores y sostenibles, el compromiso de la familia sigue siendo claro: mantener el vínculo con la tierra mientras cuentan una historia de crecimiento y adaptación en la fruticultura de la Patagonia.